‘Boss’ y el estilo de Chicago

Hace unas semanas, el candidato republicano a la presidencia de EEUU, Mitt Romney, acusó a Obama de llevar a Washington “el estilo de hacer política de Chicago”. Viendo Boss se entiende que los Demócratas se ofendieran, y mucho. La serie que protagoniza un terrorífico Kelsey Grammer y que tiene a Gus van Sant como productor ejecutivo acaba de inaugurar su segunda temporada en Estados Unidos y se emitirá completa en Canal Plus en otoño. El que fuera el doctor Frasier Crane  interpreta aquí a Tom Kane, el extremadamente corrupto alcalde de Chicago, al que diagnostican una enfermedad degenerativa incurable que él decide ocultar al electorado y a sus colaboradores más estrechos. (Vale, pero que nadie diga “Bartlet”, por favor)

En el primer capítulo de la segunda temporada vemos que el estado de salud de Kane ha empeorado notablemente y éste se niega a tomar la medicación recomendada. Como resultado, Kane empieza a sufrir alucinaciones, lo que da a los guionistas de la serie permiso para recrearse en ese tipo de juegos narrativos que ya sabemos que gustan tanto a los guionistas: esto que acaba de suceder, ¿es real o pasa sólo en la mente del alcalde?. La otra novedad de la segunda temporada es la previsible importancia del personaje de Mona Fredericks, interpretado por Sanaa Lathan, como el único miembro genuinamente idealista del equipo del alcalde (¿una enviada del planeta Sorkin?).

Si una cosa caracteriza a la serie es la visión cínica que respira (a su lado, Political Animals y Veep son prácticamente visiones idealizadas de la política), lo que a llevado a algunos críticos a decir que Boss es una serie más para admirar que para encariñarse con ella, ya que sus personajes no provocan la ambigua filiación emocional que podían generar, por ejemplo, los de Los Soprano. De hecho, los referentes morales de la troupe de Boss (si el alcalde es de moral dudosa, esperen a ver a su ex mujer, interpretada por una fantástica Connie Nielsen), propios de los Borgia, le han ganado más comparaciones con dramas históricos (Deadwood, Juego de Tronos) que con otras series contemporáneas que reflejan el tablero político. Al parecer, en el Chicago moderno, la mutilación (pista: Reservoir Dogs) es un método válido del juego del poder.

El hecho de que retrate el poder a nivel micro y local (como Parks and Recreation pero en muy muy dark) la hace quizá más interesante. Y aunque Chicago en sí se ve muy poco favorecida, la ciudad puede presumir, como Baltimore con The Wire y Nueva Orleans con Treme, de tener una serie que la refleja de manera tan íntima y detallista.

Hablando de localizaciones, no nos resistimos a colgar este mapa de Estados Unidos que corre por internet y que sitúa a cada serie en su estado correspondiente:

En mi opinión, falta una de las mejores series del momento, ‘The Good Wife’.

Visto en: La serialista.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: