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No es que mi blog se esté convirtiendo en algo sentimiental, que puede ser con tanta campaña buena que cojo por ahí. Simplemente quiero compartir con vosotros un texto que, aunque parezca sacado de una vida idílica y llena de tópicos, tiene toda la razón. Eso sí, tendremos que saber cómo manejar esas palabras para que lo apliquemos a cada detalle de nuestra vida porque si no, como dicen por ahí, se queda en un texto vacío. Os aseguro que si cada uno se escucha, le sacará partido. (No, no soy una hippie viviendo entre nubes de colores. Pero he aprendido a escucharme y a quererme, mas bien me han enseñado. Y olé! Lo mejor que he hecho en mi vida aunque a veces es frustrante hacer ver a la gente que se puede pensar de otra manera). Y jamás nadie había definido tan bien mi teoría de los “lo siento” ni de los perdones. Y gente, en especial una, que lo ha pasado realmente mal porque se les ha torcido la vida, sé que piensa como este artículo y hay que quitarse el sombrero.

El texto está sacado de El Rincón de Floricienta, pero quiero tenerlo en mi blog para que no se me olvide (igual que hago con los contenidos que veo importantes o dignos de recordar).

 

La mala costumbre.

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La mayoría de nosotros vive pensando que esto será eterno. Que somos inmortales y que las desgracias solo le pasan al de al lado. Vivimos inmersos en una ignorancia que nos hace débiles y solo lamentamos lo ocurrido cuando ya es demasiado tarde.

Y es que…

Tenemos la mala costumbre de dejar para luego, de reír poco y de querer hacerlo mañana. Tenemos la mala costumbre de echar de menos, en lugar de hacerlo de más. La mala costumbre de usar los luegos y no los ahoras. Luego te llamo, luego te escribo, luego te contesto, luego nos vemos. Y obviamente nunca llamó, nunca escribió, nunca contestó y nunca fue visto. Tenemos la mala costumbre de querer tarde. De valorar tarde. De pedir perdón demasiado pronto. Debería haber un número máximo de perdones. Perdonar nos hace grandes, de acuerdo, pero cuando tienes que perdonar todos los días, al final un lo siento se convierte en el comodín de cualquier pretexto injustificado, innecesario e inmerecido. Tenemos la mala costumbre de defender al malo y descuidar al bueno. De contar mentiras tra la rá y de tener que hacer un máster para descubrir verdades. Mantenemos en nuestra vida “amigos” porque sí y llenamos nuestras agendas de compromisos a los que realmente no queremos ir. Tenemos la mala costumbre de sentirnos mal por decir no y de creernos mejores por decir si.

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Tenemos la mala costumbre de esperar a un cáncer, a una mala noticia o a una llamada de que alguien querido se nos fue, para tomar las riendas de nuestra vida y empezar a apreciar cada puesta de sol, cada mañana que te levantas de la cama y cada luna que abrazas en tu almohada. Tenemos la mala costumbre de usar el descuido a diario, olvidando que los pequeños detalles importan, que los pequeños detalles construyen grandes caminos y que cada lunes, puede ser el mejor día de la semana. Tenemos la mala costumbre de quejarnos por todo, de culpar siempre al otro porque claro, tú eres un ser perfecto y nunca, nunca, haces nada. Siempre es la parte contraria. Decimos muy pocos te quieros y hacerlo por primera vez es como “buf que va, no vaya a ser que se asuste”. ¿Asustarse de qué? ¿Cómo una persona puede asustarse porque alguien le quiera?.

Asústate si algún día te vas a la cama sin sentir que quieres a otra persona.

Asústate el día que te vayas a dormir sin decirle a esa persona lo importante que es para ti.

Asústate cuando no le des besos a tu madre y a tu padre.

Asústate cuando seas incapaz de abrazar a alguien y sentir esa sensación tan extraordinaria que producen los abrazos.

Asústate cuando las defensas de tu cuerpo se hayan vuelto inmunes al dolor ajeno.

Y cuando veas una injusticia y no hagas absolutamente nada para remediarlo.

Asústate cuando pases un solo día sin ayudar a alguien.

Asústate de verdad, porque créeme. Estás muerto.

 

Y es que…

Tenemos la mala costumbre de trabajar demasiado, de cargar con una mochila llena de cosas innecesarias y de comer más de lo que nuestro cuerpo necesita. Tenemos la mala costumbre de creernos mejores que los demás, de bailar poco, fumar mucho y respirar a medias. Tenemos la mala costumbre de ir caminando por las calles de nuestra ciudad mirando al suelo, o a nuestro teléfono móvil. ¿Alguna vez te has dado cuenta de lo bonitos que son los edificios de esas calles por las que pasas a diario? Por no hablar de la luz de las estrellas.

Tenemos la mala costumbre de empezar el gimnasio la semana que viene. De cuidarnos cuando ya es demasiado tarde y de tomar vitaminas cuando estamos enfermos. Tenemos la mala costumbre de creer que el pelo de aquella es mejor que el nuestro. Que su suerte es nuestra desdicha y de compararnos como si fuésemos presa de alguien que busca en comparadores de Internet. Tenemos la mala costumbre de medirnos por nuestros estudios o por nuestra altura. De confundir la belleza con la delgadez y de creernos que no somos capaces de conseguirlo, porque alguien una vez así, nos lo hizo creer. Y no fue nadie más que tú mismo.

Tenemos la mala costumbre de apuntarnos a clases de idiomas, cuando ni siquiera dominamos el nuestro. De querer conocer mundo y viajar lo más lejos posible cuando aún, nos quedan lugares maravillosos por descubrir en nuestra propia tierra. Tenemos la mala costumbre de comer animales, de contaminar el mundo y de lavar la ropa en vez de nuestras conciencias. Tenemos la mala costumbre de escuchar poco y hablar demasiado. De dar consejos y juicios de valor sin ser conscientes del poder que pueden llegar a tener nuestras palabras. Dejamos demasiado pronto y tenemos muy poca paciencia. Objetos de usar y tirar, sin importarnos lo más mínimo su destino. Tenemos la mala costumbre de creernos que lo sabemos todo. Cuando realmente, no tenemos idea de nada.

 

Wasapeamos mucho,

dormimos demasiado

y follamos poco.

 

Nos pasamos media vida o vida entera, soñando esa vida perfecta que nos gustaría tener. Cuando somos ajenos a que realmente la vida perfecta es ahora. Es cada momento, cada instante de los segundos que marca el reloj de tus días. Es cada oportunidad, cada sonrisa, cada beso y cada vez que te enamoras. ¡ENAMORÉMONOS TODOS LOS DÍAS DE NUESTRA VIDA! No pongas barreras a tu corazón y deja los prejuicios para aquellos que llevan el cartel de cobarde escrito en tinta permanente. Ni con disolvente se va.

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Empieza a acostumbrarte a esta vida que a veces es dura. Terriblemente dura. Pero no te lamentes ni te vayas nunca a la cama habiendo hecho daño alguien. Habiendo dejado para luego esos ahoras que nunca llegaron. No habiendo cumplido ese sueño que tanto querías, no habiendo hecho unos kilómetros de más ese día porque tu cuerpo estaba cansado. No permitas que alguien fallezca para luego recordarlo y decirle mirando su foto, cuánto le querías. No dejes que la rutina o la sensación de eternidad descuide lo verdaderamente importante de tu vida.

En definitiva, no dejes que la mala costumbre sea la invitada de honor en los días que te quedan por vivir a partir de hoy.

Quiere ahora, no mañana.

Debo tener la vena maternal muy elevada porque no hago más que subir campañas y proyectos infantiles.

Hoy toca la única app galardonada en el Festival El Chupete, Fun Food para Nutribén, con la que los niños pueden interactuar mientras comen.

Desde siempre, los padres se las han ingeniado para que sus hijos coman adecuadamente: avioncitos de papel, cuentos, disfraces… Fun Food es una aplicación gratuita para tabletas que busca a través del entretenimiento que los niños aprendan a comer solos.

¡Benditos métodos! Gracias BTOB.

Igual que ya hizo Twitter con Vine; Facebook anunció ayer que Instagram, el servicio de filtros fotográficos que compró por 765 millones de euros, comenzará a integrar también vídeos.

¿Las diferencias? Facebook tiene más de 1000 millones de usuarios, Twitter unos 500 millones; Instagram más de 130 millones, Vine apenas 13. Los vídeos de Vine son de 6 segundos, mientras que otros aplicaciones como Viddy, llega hasta los 30 segundos, aunque Instagram será de 15 segundos.

¿Diremos adiós a Vine? ¡Espero que no nos sigan liando más!

Google nos ha dejado temblando con su anuncio sobre la jubilación de Google Reader el 1 de julio. Como es lógico, el buscador quiere que utilicemos Google+ (menudo éxito…) porque el lector de RSS ya era bastante mayorcito. Pero el problema es que tenía millones de usuarios, así que no queda otra que buscar alternativas.

Feedly

feedly

Es gratis tanto en iOS, Android, como en la versión web (para Chrome, Firefox y Safari) y es una de las opciones más sólidas ahora mismo, tanto por la usabilidad del servicio como su promesa por la transición sencilla y sin problemas desde Google Reader a Feedly. Si empiezas a utilizar Feedly ahora, la migración a este servicio es automática.

Cuando entras, Feedly te ofrece la opción de escoger una serie de fuentes preseleccionadas o ir añadiendo URLs individuales como se hacía en Google Reader. Tiene además funciones adicionales interesantes, como guardar una historia para luego o compartirla por Twitter, Facebook y Google+.

Yo la empecé a utilizar ayer y me gusta bastante.

The old reader

the old reader

Es un lector de RSS sólo para web, tan simple y eficaz que te recorará en muchos aspectos a Google Reader. Lo malo es que no tienen una aplicación nativa para móvil y tendrás que acceder a la versión web desde smartphones o tablets. Además, confirman que están trabajando en ello, o sea que sería extraño no verla de aquí a julio cuando muera Google Reader.

No te vas a encontrar todas las funciones de Reader, pero sí las básicas.

Flipboard

flipboard

Ocurre lo contrario que con The Old Reader: Flipboard no tiene cliente web, pero sí aplicaciones móviles. Esto es un problema para aquellos que utilicéis intensivamente Google Reader desde el ordenador.

Flipboard está pensado más para su uso como revista social, pero es tremendamente fácil añadir URLs individuales y configurar tu propia news.

La empecé a usar hace años y me encantaba el diseño, pero me resultaba bastante complicado manejarlo.

NewsBlur

newblur

Tiene nuevamente versiones web y móvil (para iOS y Android). Lo malo: el interfaz bastante caótica y no es gratis. En su versión gratuita el número de fuentes que puedes leer está limitada a 64. Si quieres añadir más, o acceder a otros servicios adicionales, como compartir artículos o que los periodos de actualización sean más breves, tienes que pagar 1$/mes.

Pulse

pulse

Al estilo de Flipboard, con la diferencia de que Pulse sí tiene cliente web, además de móvil. Es una de las opciones más elegantes y visuales de acceder a tus fuentes de información y noticias. Es muy sencillo añadir URLs individuales, y hasta puedes importar tus RSS de Google Reader. Junto con Feedly es una de las opciones más sólidas.

Zite

zite

Esta nueva aplicación pretende cubrir una funcionalidad interesante que no incorpora Flipboard: aprender de nuestros gustos para seleccionar los contenidos.

Zite es capaz de sincronizar con Twitter y Google Reader, y tiene unos algoritmos que aprenden de las noticias o artículos que vamos leyendo (y de los que no, también) para personalizar la revista a nuestro gusto. Un paso más adelante y muy interesante, en una aplicación que, como Flipboard, es totalmente gratuita.

Taptu

taptu

Bajo el lema ‘Tu DJ de noticias’, Taptu también te permite agregar fácilmente el contenido que tenías en Google Reader. Basta con crear una cuenta asociada a la de Google, y recogerá desde Reader los feeds que tenías configurado en el servicio. Además, Taptu también ofrece un cliente para Android y para iOS.

Fetch [n] Read

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Estilo minimalista y disponible en español, inglés y francés. Basta con descargar todos tus datos de Google Reader e importarlos a Fetch [n] Read.

pocket

Para los lectores de móvil, además de las ya nombradas, os dejo un enlace de Movidicts que explica bastante bien Pocket y Newsify.

Fresquito y variado, así es el reel de todo el trabajo publicitario y de comunicación de la marca Louis Vuitton en su página web durante el último año.

Una pieza que nos muestra fanpage, desfiles, entradas, anuncios, making-of, diseñadores, fans, imágenes oníricas y mucho más con una línea completamente Louis Vuitton. En casi 2 minutos nos da tiempo a ver la acción de cómo hacer la maleta, las guías de viaje, o su famoso anuncio de Muhammad Ali.

Todo esto es el universo Louis Vuitton. Ya no es sólo una marca que produce ropa de alta gama, ahora también genera contenido, y de esta forma también una comunidad de personas que son afines a los valores de la firma.

De esta forma, se genera el vínculo deseado entre consumidor y marca que reafirma la relación. Ya no sólo compras Louis Vuitton, ahora miras aquello que publican, que tuitean, estás informado acerca de sus desfiles, de las colaboraciones. Ahora el consumidor también puede ser embajador de la marca.

Os dejo con el Reel.

Visto en Creativobusca.

Hace tiempo me preguntaron cómo había hecho mi infografía profesional, contesté que la había hecho yo porque me gustaba así y prefería tenerla personalizada y trabajarla yo, pero también le recomendé una página para que él mismo pudiera hacérsela.

Frente a los no se cuantos millones de parados, los nuevos licenciados con ganas de comerse el mundo y las miles de cosas que hay… Debemos destaca y de autopromocionarse como buenamente pueda.

Hablo de la presentación y de las nuevas ideas de currículums. Se puede convertir en piezas de arte muy formativas y ya no hace falta estrujarse la cabeza para elegir un diseño, ya te lo dan hecho. Vizualize.me (llevará un año aprox) es una nueva aplicación web que te permite convertir tus datos de LinkedIn en una infografía cautivante.

Hay quien prefiere, como yo, crear una infografía desde cero y hacerla por uno mismo que al fin y al cabo Vizualize.me utiliza plantillas y al final todos tendremos la misma. Pero he de decir que me gustan los diseños que hay en la web y que puede dar ideas para crearse una nueva.

Quizás ahora tendremos que cambiar la mentalidad de la gente de RRHH y dejar de enviar el currículum pesado y aburrido en pdf para pasar a una infografía vistosa y con mucho color.

Hace unas semanas, el candidato republicano a la presidencia de EEUU, Mitt Romney, acusó a Obama de llevar a Washington “el estilo de hacer política de Chicago”. Viendo Boss se entiende que los Demócratas se ofendieran, y mucho. La serie que protagoniza un terrorífico Kelsey Grammer y que tiene a Gus van Sant como productor ejecutivo acaba de inaugurar su segunda temporada en Estados Unidos y se emitirá completa en Canal Plus en otoño. El que fuera el doctor Frasier Crane  interpreta aquí a Tom Kane, el extremadamente corrupto alcalde de Chicago, al que diagnostican una enfermedad degenerativa incurable que él decide ocultar al electorado y a sus colaboradores más estrechos. (Vale, pero que nadie diga “Bartlet”, por favor)

En el primer capítulo de la segunda temporada vemos que el estado de salud de Kane ha empeorado notablemente y éste se niega a tomar la medicación recomendada. Como resultado, Kane empieza a sufrir alucinaciones, lo que da a los guionistas de la serie permiso para recrearse en ese tipo de juegos narrativos que ya sabemos que gustan tanto a los guionistas: esto que acaba de suceder, ¿es real o pasa sólo en la mente del alcalde?. La otra novedad de la segunda temporada es la previsible importancia del personaje de Mona Fredericks, interpretado por Sanaa Lathan, como el único miembro genuinamente idealista del equipo del alcalde (¿una enviada del planeta Sorkin?).

Si una cosa caracteriza a la serie es la visión cínica que respira (a su lado, Political Animals y Veep son prácticamente visiones idealizadas de la política), lo que a llevado a algunos críticos a decir que Boss es una serie más para admirar que para encariñarse con ella, ya que sus personajes no provocan la ambigua filiación emocional que podían generar, por ejemplo, los de Los Soprano. De hecho, los referentes morales de la troupe de Boss (si el alcalde es de moral dudosa, esperen a ver a su ex mujer, interpretada por una fantástica Connie Nielsen), propios de los Borgia, le han ganado más comparaciones con dramas históricos (Deadwood, Juego de Tronos) que con otras series contemporáneas que reflejan el tablero político. Al parecer, en el Chicago moderno, la mutilación (pista: Reservoir Dogs) es un método válido del juego del poder.

El hecho de que retrate el poder a nivel micro y local (como Parks and Recreation pero en muy muy dark) la hace quizá más interesante. Y aunque Chicago en sí se ve muy poco favorecida, la ciudad puede presumir, como Baltimore con The Wire y Nueva Orleans con Treme, de tener una serie que la refleja de manera tan íntima y detallista.

Hablando de localizaciones, no nos resistimos a colgar este mapa de Estados Unidos que corre por internet y que sitúa a cada serie en su estado correspondiente:

En mi opinión, falta una de las mejores series del momento, ‘The Good Wife’.

Visto en: La serialista.

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